Redacción: Fundación Marbella Rugby
Fin de Temporada 2025-2026Valor en foco: Cuidado del otro y resilienciaES
A lo largo de su historia, el Marbella Rugby Club ha tenido varios presidentes al frente: Roberto, Paco y Pepe. A cada uno le pedimos que respondiera, en primera persona, a las mismas seis preguntas — no sobre gestión ni resultados, sino sobre lo que el club fue, es y dejó en cada uno de ellos.
EN
Over the course of its history, Marbella Rugby Club has had several presidents at the helm: Roberto, Paco and Pepe. We asked each of them to answer, in their own words, the same six questions — not about management or results, but about what the club was, what it is, and what it left behind in each of them.
Roberto Osborne
01
¿Qué era el club para ti antes de ser presidente?
Antes de ser presidente no había club: lo empezamos nosotros, unos cuantos. Por tanto, yo fui el primer presidente. Tenía en la cabeza que todo el mundo hablaba de rugby, pero nadie hacía nada. Yo venía de Sevilla, de mi club, el CAR de Sevilla, con la idea de seguir jugando — era joven, yo quería seguir jugando.
Entonces, un día decidí que ya no hablaba más. Convoqué una reunión a través del periódico y acudió un montón de gente. Ahí empezamos. Éramos 7, 8, 10 personas principales que tiramos para adelante, y lo que tenía en mi cabeza se hizo realidad: hacer un club de rugby.
02
El momento que más se te viene a la cabeza
Como logro del club, y logro personal, sobre todo fue cuando conseguí la concesión del terreno. Desde el primer momento sabía que si no teníamos un terreno propio para la sede de nuestro club y nuestro campo, nunca íbamos a llegar a ser un club — seríamos un equipo, nada más.
03
La huella que te dejó el club
En realidad no me ha dejado huella; solo he hecho lo que todos hacemos: devolver al rugby lo que el rugby nos ha dado. Nos ha dado tantos valores, tantas cosas, que te ves en la obligación de devolverlo. Y esa es la mayor satisfacción: devolver lo que has recibido.
04
Cómo ves el club hoy, desde fuera
Por supuesto que me reconozco en el club, porque desde el primer momento pensamos que no se trataba de hacer un equipo de rugby tal cual, sino de hacer un club de rugby. Y para hacer un club hay que poner muchas cosas encima de la mesa: valores, criterios a seguir. Todo eso se ha respetado hasta el día de hoy, y por supuesto se ha incrementado, gracias a los siguientes presidentes — y no solo los presidentes, hay un montón de gente alrededor del club.
05
Por qué le dedicó una parte de su vida
Dedicas una parte de tu vida a devolver lo que han hecho por ti — en este caso, al rugby, a lo que tú has aprendido de él, de toda la gente. Y sigo aprendiendo, y sigo estando en el club, de otra manera, de otra forma, pero sigo estando presente. Eso es una satisfacción.
06
Lo que nunca le gustaría que cambiara
Que el club nunca deje de ser lo que él y los primeros socios quisieron que fuera desde el principio — no un equipo, sino un club de verdad, con valores y criterios encima de la mesa. Que eso, lo que se puso sobre la mesa el primer día, no se pierda nunca, por mucho que el club crezca.
Paco García
«Rugby, mi deporte, mi comunidad, mi identidad»
El rugby de Paco García no fue el mismo que el de hoy. Empezó en un campo sin césped, con una directiva de veinteañeros construyendo vestuarios los sábados por la mañana. Pero lo que sostuvo a ese club entonces es exactamente lo que lo sostiene ahora: el trabajo en equipo, la resiliencia de reconstruir desde cero y el cuidado del otro que hizo que ningún niño se quedara nunca sin jugar por no poder pagar. Su historia no es solo la de un presidente: es la prueba de que lo que se invierte en los más pequeños hoy es lo que sostendrá al club dentro de veinte años. Su hija Daniela, hoy en la selección española, es la mejor demostración de eso.
01
¿Qué era el club para ti antes de ser presidente?
Para mí, el club era mi hogar. Era mi familia. Mucho más que el equipo con el que jugaba. Empecé con 16 años, en el 88, en una época complicada — me crié en un barrio de Marbella donde ya se empezaba a tontear con cosas que no eran buenas para un chaval. Llegar al rugby me alejó totalmente de la calle y me metió en una familia que me protegió, me cuidó, me guió.
Si hoy soy alguien, se lo debo prácticamente todo al rugby, incluso mi formación profesional, porque ellos me obligaron a formarme. Siempre me dejaron claro que antes de jugador tenía que ser persona.
02
El momento que más se te viene a la cabeza
Fue cuando cogí las riendas del club, muy joven, para reemplazar a Roberto Osborne. Nos encontramos con un campo vacío, sin sembrar, sin nada — solo la grada. Tuvimos que empezar de cero, otra vez. Trasladé la capitanía de dentro del campo a fuera de él, empecé a involucrar a gente joven con muchas ganas, y ahí construimos un club mucho más sólido.
De esa época viene también lo de «los pollos» — así llamábamos a los que nos íbamos incorporando, los que tirábamos del carro en fiestas y eventos. De ahí sale el trofeo.
03
La huella que te dejó el club
Es una huella que sigue viva. Cuando dejé de jugar me puse a entrenar a los más pequeños, desde los 6 hasta sub-16, y ahí fue cuando mi hija Daniela se enganchó. Hoy vive por y para el rugby, esté donde esté — selección española, El Salvador, donde sea.
No es un tópico, es una realidad: lleva los valores en el ADN, la honestidad, el esfuerzo, el trabajar en equipo, el apoyar al débil. Haberle dado a mi hija la posibilidad de vivir lo que yo he vivido es, pensándolo ahora, de lo mejor que me ha dado el rugby.
04
Cómo ves el club hoy, desde fuera
Entro y soy un anónimo — la última vez que fui, de trescientas personas, casi nadie me conocía. Y me siento muy feliz así. No me interesa que me presenten como «el presidente que estuvo 20 años». Esto siempre fue trabajo de equipo, yo solo fui el capitán.
Es verdad que en la última etapa me tocó vivir un conflicto institucional que me pasó factura, personal y emocionalmente, pero eso lo aparto y me quedo con lo bueno, que fue muchísimo más. Cuando veo lo que está haciendo la Fundación, me parece algo espectacular, algo que ni en sueños hubiera imaginado que podía llegar a ser tan bueno.
05
Por qué le dedicó una parte de su vida
Al rugby, si no lo conoces, quítate el tópico de que es un deporte de bestias. Ábrele los ojos a tus hijos. Y hay algo que le repito siempre a Pepe y a Alberto: este club nació como un club social.
Mientras yo fui presidente, jamás un niño o niña de Marbella se quedó sin jugar por no poder pagar la cuota. Nunca. Eso lo aprendimos de la gente que fundó el club, muchos argentinos que fueron mis mejores amigos.
06
Lo que nunca le gustaría que cambiara
Que ningún niño se quede fuera por no tener dinero. Eso está en el ADN de este club, y ojalá no se pierda nunca.
Los nombres detrás de la historia
Cuando el club se formó con Roberto Osborne, el primer equipo estaba lleno de gente que ya había jugado a alto nivel — un expuma, alguien que había vestido la camiseta de la selección francesa, jugadores llegados de Bélgica, Inglaterra, Portugal. Médicos, dentistas, fisios, arquitectos, abogados: un equipo de profesionales que, entre semana, eran otra cosa, y los sábados eran, sobre todo, un equipo.
Ahí, siendo el más joven —«el pollito», como lo llamaban entonces—, Paco se sumó junto a tres amigos que formarían con él la primera junta directiva: Rubén Pérez, José Luis (el camarero, padre de «Bellotín») y Salvador Flores, junto a Ignacio Molina padre. Ellos fueron, en sus palabras, «los que tirábamos del carro».
Años después, en la etapa más dura de su presidencia —la que él mismo describe como cuando «estaba totalmente fulminado, quemado»—, fueron Pepe Arjona y Alberto Castro quienes le tendieron la mano: «Apártate, no te vayas aparte, que vamos a tirar nosotros.» Gente nueva, sin compromisos previos, que pudo pelear las batallas que él ya no tenía fuerzas para pelear. Paco quiere que quede dicho aquí: les estará eternamente agradecido por lo que hicieron entonces y por lo que la Fundación sigue haciendo hoy.
Pepe Arjona
«El rugby te enseña y te prepara para la vida»
Para Pepe Arjona, el rugby es mucho más que competición. Es educación, disciplina, esfuerzo y una forma de entender la vida. Profesor por vocación y presidente del club en una etapa de crecimiento y transformación, Pepe afronta su papel como un reto y, sobre todo, como una responsabilidad: conseguir que cada niño que pasa por el Marbella Rugby Club no solo aprenda a jugar, sino que se convierta en una mejor persona.
01
El momento que más recuerda
Si piensa en un momento especialmente significativo, no elige un partido ni un título. Elige la pandemia. Todavía recuerda aquellos días en los que el club tuvo que movilizarse para que los niños pudieran volver a entrenar y competir: protocolos, mascarillas, pruebas y largas jornadas de trabajo en las que muchas personas se implicaron para hacer posible que el rugby regresara.
Pero, por encima de todo, recuerda una imagen: los niños esperando para hacerse las pruebas, con sus mascarillas y los ojos completamente abiertos, llenos de ilusión y motivación. Aquella felicidad por algo tan sencillo como poder volver a entrenar es uno de los recuerdos que más le han quedado. Para Pepe fue también una demostración de lo que puede conseguir una comunidad cuando trabaja unida.
02
Una responsabilidad que va mucho más allá del rugby
Dirigir hoy el club es, para Pepe, «un reto y una gran responsabilidad». Su convicción es clara: el rugby puede marcar el destino de un niño si se trabaja correctamente desde la educación en valores. Respeto, disciplina, trabajo duro, compañerismo y responsabilidad no son palabras de discurso: son valores que se viven y se exigen cada día a jugadores, familias, entrenadores y a toda la comunidad.
Su mirada está puesta menos en el resultado de una competición y más en cómo cada jugador afronta lo que sucede dentro del campo. Ganar o perder no es lo que más le preocupa. Lo que realmente le interesa es cómo reacciona un niño ante la victoria, cómo afronta una derrota y cómo evoluciona como persona.
Quizás no sea casualidad. Pepe estudió Magisterio en los años 90, siguiendo también una tradición familiar: su madre era profesora. La enseñanza forma parte de su identidad y encuentra en el rugby una herramienta extraordinaria para ejercer esa vocación. Porque, como él mismo resume, «el rugby te enseña y te prepara para la vida».
03
El club que imaginaba
El crecimiento que vive actualmente el Marbella Rugby Club no le sorprende. De hecho, forma parte del proyecto que se plantearon junto al equipo de gestión cuando comenzaron a definir hacia dónde querían llevar el club. El objetivo es convertir las instalaciones en un espacio capaz de albergar más niños, más entrenamientos, más competiciones y más eventos, pero también algo que considera fundamental: más vida social para las familias y para toda la comunidad.
El camino no siempre es sencillo. La gestión de una entidad sin ánimo de lucro realizada, en gran medida, desde el tiempo libre de quienes están implicados supone un desafío constante. Los avances pueden ser más lentos de lo que gustaría, pero Pepe considera que los objetivos se están cumpliendo. Y eso le genera satisfacción: ver cómo aquella visión comienza poco a poco a convertirse en realidad.
04
Una deuda con el rugby
Cuando le preguntan por qué dedica una parte tan importante de su vida al club precisamente ahora, en un momento de crecimiento, su respuesta parte de una idea sencilla: se lo deben al rugby. Se lo deben a los casi 40 años de historia del club, a todas las personas que han dedicado tiempo, esfuerzo y recursos para construirlo y, especialmente, a todos los niños que han tenido la oportunidad de crecer a través de este deporte.
También existe una responsabilidad con el futuro. El Marbella Rugby Club tiene una característica excepcional: cuenta con instalaciones propias, algo que Pepe considera una oportunidad enorme para garantizar la continuidad del proyecto. Después de años de esfuerzo, inversiones y dificultades, cree que ha llegado el momento de aprovechar esa oportunidad y construir una estructura sólida que permita que el club siga existiendo durante muchas generaciones.
Su deseo es sencillo y ambicioso al mismo tiempo: que dentro de muchos años las nuevas generaciones sigan llegando al club para practicar deporte, compartir tiempo con sus familias y educar a sus hijos en un entorno sano.
05
Pensar en los próximos 100 años
Pepe no piensa únicamente en la próxima temporada. Piensa en la capacidad del club para mantenerse en el tiempo. Quiere que las personas que lleguen dentro de décadas puedan sentir que aquel también es «su club»: que encuentren allí un espacio para practicar deporte, educar a sus hijos, hacer amigos y formar parte de una comunidad.
Por eso considera que todo el esfuerzo merece la pena. Porque el verdadero objetivo no es solamente formar buenos jugadores: es construir un club capaz de formar personas y mantenerse vivo durante generaciones. Y, para Pepe, esa es precisamente una de las grandes lecciones que ofrece el rugby: aprender a respetar, a trabajar, a levantarse después de una derrota, a ayudar al compañero y a formar parte de un equipo.
Un deporte para jugar hoy. Una educación para toda la vida.
Tres presidentes, seis preguntas, una sola conversación entre generaciones.




































