Redacción: Fundación Marbella Rugby
Fin de Temporada 2025-2026Valor en foco: Resiliencia y cuidado del otroES
Laura “Bimba” Delgado es una de las jugadoras más influyentes del rugby femenino español. Con más de 50 partidos con Las Leonas y siete años como capitana, ha jugado en 15 clubes y 5 países. Tras cerrar su etapa profesional en Harlequins, ahora combina su labor como entrenadora en la Women’s Elite Rugby de Minnesota con proyectos como The Rugby Changers. En esta entrevista, repasa el clínic que celebró en Marbella, la situación del rugby femenino y el futuro del deporte.
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Laura “Bimba” Delgado is one of the most influential players in Spanish women’s rugby. With more than 50 caps for Las Leonas and seven years as captain, she has played for 15 clubs across 5 countries. After closing her professional chapter at Harlequins, she now combines her role as a coach in the Women’s Elite Rugby in Minnesota with projects like The Rugby Changers. In this interview, she reviews the clinic she held in Marbella, the state of women’s rugby and the future of the sport.
Laura “Bimba” Delgado
«Un sénior femenino no se crea en una temporada, se siembra con cinco años de antelación»
Laura “Bimba” Delgado acumula más de 50 partidos con la selección española y siete años como capitana de Las Leonas. Su carrera la ha llevado por 15 clubes y 5 países, cerrando su etapa profesional en Harlequins. Ahora, desde el otro lado del campo, entrena a las forwards de TC Gemini en la Women’s Elite Rugby de Minnesota y lidera The Rugby Changers, un proyecto para democratizar el acceso a la metodología del alto rendimiento. En esta conversación repasa el clínic de Marbella, el reto del rugby femenino y el futuro del deporte con la mirada puesta en el Mundial masculino de Australia.
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¿Qué balance haces del clínic que celebrasteis en Marbella?
Muy positivo. Reunir a seis jugadoras internacionales con niñas y mujeres de distintos niveles se notó desde el primer entrenamiento: la energía, las ganas de aprender, la cantidad de preguntas que hacían. Para mí el balance no se mide solo en asistencia con 75 chicas que fue el cupo máximo que ofrecimos, sino en si esas chicas se van con una idea nueva de lo que puede ser el rugby. Y en ese sentido, cumplimos con creces.
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¿Cuál era el objetivo y qué trabajasteis?
El objetivo era acercar el alto rendimiento y todo nuestro conocimiento/experiencia a ellas, a jugadoras que normalmente no tienen acceso a ese nivel de detalle técnico. Trabajamos fundamentos individuales (pase, toma de decisiones, posiciones) y también la parte mental: cómo gestionar el error, cómo comunicarse en el campo. No es solo “enseñar rugby”, es enseñar a pensar el juego.
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¿Por qué elegisteis Marbella?
Por localización y por lo que representa: un punto de encuentro accesible en la Costa del Sol, con buenas instalaciones y capacidad para atraer a familias y clubes de toda la zona, no solo locales. Además, nos permitía traer a entrenadores desde fuera sin complicar la logística. Además es un club de historia en España y que además nos abrió las puertas y nos ayudó desde el primer momento, además toda la bienvenida y apoyo durante el clinic, fue excepcional.
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¿Qué opinión tienes de este club y su trabajo con la cantera?
Sin duda es un club con historia y nombre en España que además ha desarrollado a bastantes jugadores y jugadoras a ser internacionales con España.
El club ha intentado durante varios años montar un equipo sénior femenino sin éxito por falta de jugadoras.
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¿Qué pasos pueden darse y a qué crees que se debe el obstáculo?
El obstáculo casi nunca es falta de interés real, es falta de exposición temprana. Si una chica no juega a rugby entre los 8 y los 14 años, llega a los 18 sin la base técnica ni la confianza para empezar de cero en un deporte de contacto, y eso frena mucho. La solución pasa por invertir en cantera femenina años antes de necesitar el equipo sénior: categorías mixtas, visibilizar referentes cercanas (no solo la selección), y ofrecer a universitarias y mujeres adultas sin experiencia previa una vía de entrada real, con entrenamientos adaptados los primeros meses. Un sénior femenino no se crea en una temporada, se siembra con cinco años de antelación. Pero pienso que el club está haciendo lo correcto y llegará.
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¿Qué dificultades afronta el rugby femenino, además de ser un deporte minoritario en España?
La doble invisibilidad: como mujer y como practicante de un deporte que mucha gente ni conoce. Faltan instalaciones con horarios prioritarios, faltan entrenadoras con formación específica, y falta el “efecto arrastre” que sí tienen otros deportes femeninos más mediáticos, donde una niña ve a alguien parecida a ella jugando en la tele. Además, muchas jugadoras compaginan el deporte con estudios o trabajo sin ningún tipo de apoyo económico, lo cual también acaba una carrera antes de tiempo.
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¿Crees que el rugby es un deporte más avanzado que otros en términos de integración? ¿Por qué?
Sí, y lo digo desde la experiencia de haber jugado en cinco países. El rugby tiene una cultura social de valores únicas, como el tercer tiempo que obliga literalmente a compartir espacio con el rival después del partido, gane quien gane. Y en el propio juego hay un puesto para cada tipo de cuerpo: no hace falta ser alta, ni rápida, ni fuerte de una manera concreta. Eso genera una inclusión física que pocos deportes tienen de fábrica. Además de sus valores íntegros que desarrollan al jugador/jugadora a ser mejor persona.
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¿Por qué es importante que el deporte femenino sea cada vez más relevante en nuestra sociedad?
Porque normaliza que el esfuerzo, la competitividad y el cuerpo entrenado de una mujer no necesitan justificación. Cuando una niña ve deporte femenino en la tele con normalidad, no se pregunta si “eso es para ella”, directamente lo prueba. Y eso tiene un efecto que va mucho más allá del deporte: en autoestima, en salud, en cómo se relaciona con su propio cuerpo.
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El año que viene se celebra la Copa del Mundo de Rugby masculino en Australia y España participa por primera vez en 26 años. ¿Cómo va a afectar a la visibilidad del deporte y cómo pueden aprovecharlo los clubes?
Va a ser un antes y un después. España no jugaba un Mundial masculino desde 1999, así que va a haber un foco mediático que normalmente no tenemos. La clave está en no dejar que ese momento pase sin conectarlo con la base: los clubes tenemos que estar preparados para recibir a los niños y niñas que se enganchen viendo esos partidos, con puertas abiertas, jornadas de iniciación, y aprovechando ese interés puntual para conseguir apoyos institucionales y de patrocinadores que en un año normal cuesta mucho más conseguir.
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Has alcanzado el medio centenar de partidos con la selección. ¿Qué balance haces de tu carrera y cuánto tiempo te ves jugando?
Superar los 50 partidos con Las Leonas, con siete años como capitana, es algo que no imaginaba cuando empecé. Ha sido una carrera de muchos años en 15 clubes y 5 países, y mirando atrás lo que más valoro no son los títulos sino haber podido representar a España en tantos momentos distintos del equipo. En cuanto al futuro: cerré mi etapa como jugadora profesional esta primavera en Harlequins, así que ahora mi energía está puesta en el otro lado del campo, como entrenadora y en la gestión de clubes.
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¿Qué resumen haces de la Copa del Mundo de Rugby femenino del año pasado?
Fue un torneo histórico: Inglaterra fue anfitriona, y las Red Roses se proclamaron campeonas ante Canadá en una final con récord de asistencia, jugada delante de más de 80.000 espectadores en Twickenham. Ese dato por sí solo dice mucho de hacia dónde va este deporte: audiencias, estadios llenos, nivel de juego altísimo. Es la prueba de que cuando se invierte en rugby femenino, la respuesta del público está allí.
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¿Te queda algún objetivo o sueño por cumplir en este deporte?
Sí, aunque ya no en el campo. Mi sueño ahora es que The Rugby Changers y proyectos como este clínic dejen de ser la excepción y se conviertan en la norma: que cualquier jugadora de habla hispana, viva donde viva, tenga acceso a la misma metodología que yo tuve que ir a buscar fuera. Y en lo más cercano, consolidar y desarrollar el club donde trabajo.
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¿Qué consejos darías a las niñas y niños que practican este deporte?
Que no tengan prisa por ser “buenos”, que disfruten el proceso de equivocarse en los entrenamientos, porque ahí es donde realmente se aprende. Y que cuiden a su equipo tanto como a su propio juego: en rugby, mejoras porque tu compañera te empuja a mejorar, no solo por trabajo individual.
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¿Por qué recomendarías el rugby a las familias para sus hijas e hijos?
Porque enseña disciplina y respeto por la autoridad (el árbitro) de una manera que pocos deportes logran, y porque el vestuario se convierte en una segunda familia. He visto a chavales tímidos transformarse completamente gracias al equipo. Y a nivel físico, es de los deportes más completos que existen: fuerza, resistencia, velocidad y contacto controlado, todo en el mismo entrenamiento.
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¿Cómo te va entrenando en USA? ¿Qué diferencias ves con España?
Muy bien, entrenar a las forwards de TC Gemini en la Women’s Elite Rugby de Minnesota me ha dado una perspectiva distinta y muy útil. La diferencia más grande es estructural: allí el rugby femenino se apoya mucho en jugadoras que vienen de otros deportes universitarios (atletismo, fútbol americano femenino, baloncesto), con una base física brutal aunque lleguen tarde a la técnica específica de rugby. En España es al revés: técnica y cultura de club más arraigadas desde jóvenes, pero con menos densidad de competición y menos recursos económicos alrededor del deporte femenino. También cambia el ritmo de temporada y la profesionalización de los entornos de entrenamiento. Me quedo con lo mejor de los dos mundos e intentaré traer parte de esa estructura americana a España siempre que pueda.
Un sénior femenino no se crea en una temporada, se siembra con cinco años de antelación.




































